
Con la creación de Atalanta quería regresar al desarrollo más artesanal posible del libro, involucrarse en todos los procesos. Crear libros «sólidos y bellos» –objetos que pervivirán en el siglo XXI–, dejando de lado el libro electrónico, que «carece de sensualidad». En un panorama en donde las editoriales grandes tienden a publicar libros similares, «me interesa investigar esos territorios ignorados y despreciados. Generalmente se desprecia aquello que se desconoce». Se habla siempre de una saturación del mercado, en volumen, géneros, temas, «pero yo creo que más que saturación lo que hay es embotamiento». Por eso atribuye el éxito de Atalanta a la apuesta por hacer los libros que nadie más se animaría a hacer: en cada título hay capas de complejidad –en la investigación, en la edición, en la producción– con las que una editorial tradicional (en el sentido comercial) no desearía enfrentarse, pues requieren de impulsos y recursos inusuales para un solo libro.